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Boscalba

II: Las primeras flores


Traducción: Vadania

Cualquier entendido en la materia, como pueda ser el típico sujeto de taberna, cuenta con que la fundación de un nuevo reino llegue gracias a un caudillo heroico,  un mago tiránico o incluso un sumo sacerdote al mando de ejércitos abyectos y escurridizos, nunca de la mano de cuatro jovencitos inmaduros con “los ojos iluminados por el brillo de las estrellas”, como dirían los elfos.

En la mayoría de las razas inteligentes de Faerûn, los jóvenes personifican al grupo social más ambicioso y temerario, capaces de actuar rápida y repentinamente si les guía el estímulo adecuado. Todo lo opuesto a ese grupo constante y tenaz que se ocupa pacientemente de proyectos que pueden tardar años, si no décadas o siglos, en ver la luz. Como el enano Asmrar Hachônda expresó a las mil maravillas: “De vez en cuando aparece un muchacho, un simple mozo con barba, con los arrestos necesarios. Por regla general, suele conseguir que lo maten pronto sin que haya llegado a nada. De todos modos, tenga éxito o fracase, ése es el tipo de gente ante la que más vale andarse con cuidado.”

Así pues, ¿quiénes son los cuatro “Fundadores de Boscalba”? Es bien sencillo ponerles nombre: Tasar Taurntyrith, reconocido comúnmente como el líder; Rauvelore Bhefhel, quien, si exceptuamos a Tasar, es posiblemente el más resoluto y aguerrido; Nremyn Sarsantyr, el más rebelde y temerario; y, por último, Oenel Mrhulaedir, quien principalmente observa y reflexiona, sin hablar demasiado. Los cuatro son amigos desde hace mucho tiempo.

Tasar Taurntyrith (CB elfo varón Cmb1) nació en el Año de la Fortaleza desafiante (1.244 CV), hijo de Fhelorna y Teirist Taurntyrith, originarios de Arhônda y más tarde propietarios de Decoraciones Taurntyrith en la calle del Cobre del distrito norte de Aguas Profundas. Éste negocio comercializa paneles decorativos para paredes y puertas tanto en esmalte como en cobre, ya sea al tinte o irisados al ácido, en su mayoría con paisajes arbolados de belleza enigmática en tonos verde azulado o azul plateado, que se venden bien en la atestada, y a menudo mugrienta, Aguas Profundas. Las ventas han crecido considerablemente en los últimos seis o siete años, desde que Fhelorna atinó con la idea de fijar campanillas metálicas en la parte posterior del producto. Al ser golpeados suavemente con las uñas, un anillo o una moneda, los paneles de Taurntyrith suenan con un débil tañido de fantasía que los soñadores emplean para llevar sus pensamientos a, como Teirist afirma a sus clientes,  “soledades lejanas y misteriosas”. 

Tasar se crió como un pequeño soñador, con talento desde una edad muy temprana para decorar los paneles, aunque mucho más interesado en escaquearse para escuchar a cualquier bardo o juglar que pasase por Aguas Profundas. A menudo se encaramaba por las vigas de los techos para asistir a las actuaciones, sin pagar nunca nada, y lo que más le interesaba eran las baladas y los cuentos, no la simple música de “estrambótica melodía”. Había una balada que le encantaba por encima de todas las demás: “Los cuernos del lejano reino élfico”. Al pintar o mientras paseaba por la ciudad, Tasar solía tararearla:

Mientras caminaba por el sombrío campo de batalla abandonado

escuché un lejano e inquietante cuerno élfico,

que sonaba sobre las colinas más allá de la luna,

que sonaba desde una tierra que pronto encontraré.

Braceldaur, donde los elfos todavía se yerguen con orgullo

soplando sus cuernos y haciéndolos sonar con fuerza.

Perdida entre las brumas, las sombras y el sol,

tierra de belleza, tierra tan verde

resplandeciente y lejana que en sueños he visitado.

Braceldaur, por siempre esperándome,

alcanzada por sendas a las que no veo.

Débiles y azuladas brumas, oscuros árboles erectos,

negros ojos observando entre las hojas.

Debo encontrarla,

en ello confío.

Bracealdur, a vos dedico mi vida.

Tasar entabló amistad con el viejo e irascible Thorauntur Szalmast, conservador del comercio Mapas y planos de antiguos caminos tortuosos en la calle Mayor del distrito norte de Aguas Profundas. Durante años el joven soportó las imprecaciones, los bufidos, arrebatos y vituperios del malhumorado Szalmast contra los “soplones y rateros” elfos, enanos, gnomos o medianos, con la única intención de contemplar los maravillosos planos en la desparramada y polvorienta oscuridad del comercio de Thorauntur “Boca sucia”. Tasar buscaba a Braceldaur y, a pesar de los desdenes y burlas de Szalmast, rechazaba la idea de que fuera pura fantasía poética.

Cuando el viejo comerciante murió y los acreedores saquearon su tienda, Tasar recibió algo inesperado: un mapa a Braceldaur, etiquetado con la cuidadosa escritura de Thorauntur que decía  “Esto pertenece a Tasar Taurntyrith, quién se lo ha ganado mil y una veces, si no más.” El joven atesora el amarillento pergamino, aún cuando Braceldaur aparece en un valle engullido hace mucho por el Mar de la luna para siempre. Un nuevo Braceldaur puede crearse, incluso allí donde estuvo una vez, si una amable deidad o alguna mágica hazaña digna de titanes desplazase o drenase el lago, mas sólo sería eso: una nueva creación.

Y eso es para lo que vive Tasar. Puede visualizar su sueño tan vívidamente que casi es capaz de sentirlo y, por lo tanto, entiende con claridad lo que debe incluir en él, así como lo que ha de ser excluido.

Descubre más información  sobre los futuros fundadores de Boscalba en el próximo artículo.


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