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Boscalba

I: Una ilusión audaz

Traducción: Vadania

La mayor parte de Faerûn todavía ignora que entre las nuevas generaciones de elfos hay quienes intentan conseguir algo distinto de aquello que han venido buscando los de su raza durante el último milenio. La intención de estos jóvenes es fundar un nuevo reino élfico.

Si se le brinda la oportunidad, la juventud de cualquier raza u origen suele reunirse en ausencia de sus mayores para debatir sobre los designios futuros, sobre cómo debería ser el mundo que le rodea y sobre sus esperanzas (y florecientes temores) ante lo que le habrá de pasar.

A principios de la primavera del Año de la Jarra, en un rincón de la Ciudad de los muertos de Aguas Profundas (donde además de celebrar funerales y entierros, los ciudadanos disfrutan de unos jardines, una zona de almuerzo a pleno sol, un cónclave para debates, un lugar de encuentro, de juegos o en el que hacer ejercicio y dirimir disputas, un escenario para actuaciones de juglares, y aprendices, amén de muchas cosas más), se reunieron cuatro jóvenes elfos lunares para disfrutar de una merienda a base de gelatina de menta (cortesía de la tienda de los padres de Oenel), queso fuerte (obtenido de una caravana proveniente de la zona fronteriza de Tezhyr), y un apagado vino tinto (elaborado en Noyvern, adquirido a Importaciones Almaeko en el camino del dragón y calificado como “malísimo” por todos los presentes).

Los cuatro habían crecido en Aguas Profundas, residiendo junto a sus padres comerciantes y oyendo historias de profundos bosques verdes y de tierras sin adoquines ni carretas, sin bullicio ni mugre, al tiempo que llevaban a cabo alguna incursión casual a orillas de Arhônda, al peñasco de la tumba de la Doncella, o a la ya extinta arboleda que había a lo largo de la carretera que une Aguas Profundas y Rassalantar. Todos habían escuchado cuentos para niños sobre los grandes reinos élficos que prosperaron antes de que “llegaran las mareas de humanos y orcos, se encontraran y estallara el conflicto entre ambas, arruinando con ello a nuestro pueblo que se hallaba en medio.” Soñaron con corretear libres por los bosques, lejos del hedor, el hacinamiento y la constante lucha a empellones por un hacerse con un sitio, por vender cualquier cosa, por lograr unas monedas o, incluso, por encontrar tiempo y lugar para la mera soledad. Aquellas noches de brumas ligeras y cielos plagados de estrellas brillantes eran las mejores. Aquellas en las que la ciudad parecía apaciguarse y sus gentes se subían a los tejados para admirar el firmamento, contar historias entre susurros y soñar…

Los cuatro deseaban hacer realidad sus sueños. Aunque más bien, les bastaba con una sola de tales ilusiones: una nueva tierra, no importaba dónde, en la que los elfos pudiesen morar. Un lugar al que llamar hogar, un lugar del que sentirse orgulloso, un lugar que mantuviese la cabeza en alto cuando todos esos humanos hablasen de los elfos como “un pueblo moribundo, demasiado indulgente y débil para proteger ninguna posición y que, por tanto, huye una y otra vez hasta que ya no le quedan sitios en los que esconderse.” Ah, hubo elfos que se labraron una vida de éxitos en Aguas Profundas, como por ejemplo el célebre Serpiente, Elaith. ¿Mas quién deseaba tal honor? ¿Ganarse un hueco entre los humanos convirtiéndose en alguien más avaricioso y cruel que ellos?

Espoleados por el vino, los jóvenes charlaron sobre éstas y otras muchas cosas aquella tarde hasta que uno de ellos, Tasar Taurntyrith, elevó la mirada cogiendo la botella y agitándola después antes de afirmar:

-¡Si a los humanos les gusta este saurot (“putrefacción impura”, en argot élfico moderno), no me extraña que piensen y actúen de ese modo!

En ese preciso instante, a Rauvelore Bhefhel le dio un fuerte arrebato y, tras inclinar el rostro hacia sus amigos para observarlos a todos, comentó con voz siseante:

-¡Exacto! ¡Los humanos actúan, van a dónde sea y hacen cualquier cosa! ¡Maethe (“quizás”, en argot élfico moderno y ya ganando terreno en común) con desatino, dañándolas… pero llevándolas a cabo y logrando algunas! ¿Cuándo han hecho algo audaz nuestros seres queridos? Algo más que “comprar aquello que se considera lo más astuto”. ¿Cómo defenderemos eso cuando nuestros clientes alardeen insolentemente en los comercios? ¿Cuál es el mejor modo de que nos vean los aethen (“otros”, élfico moderno para aquellos que no pertenecen a la raza)?

Los ojos de Nremyn Sarsantyr brillaban de excitación ante las palabras de su amigo cuando levantó la mano para que guardaran silencio… Mas cuando se lo concedieron, asintió despacio y únicamente comentó:

-Lo que dices es cierto, Rauve.

Oenel Mrhulaedir, quien nunca empleaba dos palabras cuando con una bastaba, aseveró con sencillez:

-¡Hagámoslo, por favor!

A lo que Tasar respondió agitado mientras se reclinaba hacia adelante:

-He pensado mucho sobre ello y ansío hacer realidad esta ilusión. Deseo vivir en un nuevo reino para nuestra gente. ¡La nueva y digna Boscalba!

Descubre más información sobre los futuros fundadores de Boscalba en el próximo artículo.




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