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Tethyamar
Las Minas del Fin del Mundo

por Kushtar

Revisión: Mina
Formato: Dargon

Corría el año 412 CV, cuando aún Faerûn era relativamente joven y la gran masa de humanos de las tierras interiores aún no era alarmante. Todo un pueblo de intrépidos enanos, al mando de un tal Thedruk Goldenhelm, vagaba sin rumbo fijo por la zona que ahora comprende a los Valles. Hacía varios años que habían dejado su antiguo hogar, muy al sur, para lanzarse a la aventura y la búsqueda de un nuevo hogar apropiado para recomenzar una próspera vida de trabajo y riquezas.

En total eran algo menos de dos centenares, contando a los más viejos, a las mujeres y a los jóvenes, algunos nacidos poco antes de emprender el viaje. Ya habían pasado por varios lugares que parecieron apropiados para el asentamiento, pero por una razón u otra de todos ha­bían tenido que marcharse.

Caminando hacia el oeste, hacia el borroso contorno montañoso que se divisaba en el horizonte, avanzaban a buen ritmo y sin que su moral decayese en ningún momento (al menos, no hasta límites preocupantes). Encontraron un río que parecía venir precisamente de aquellas prometedoras montañas, y siguieron su curso día tras día por su orilla izquierda. Finalmente alcanzaron las estribaciones de lo que parecía una cordillera bastante grande, a cuya derecha se extendía un frondoso (y aparentemente extenso) bosque. Sin demorarse un instante, continuaron el curso del río, buscando su nacimiento en lo alto de aquellos recién descubiertos picos. Durante días cruzaron angostos desfiladeros y caminaron por profundas grietas, a cada momento más excitados por la virginidad de aque­llos parajes y por la belleza del lugar. Un buen día llegaron a las fuentes del río, un amplio lago escondido en lo más hondo de un valle, del que fluía el arroyo que venían siguiendo desde hacía semanas. El lago recibía agua del deshielo de las montañas de alrededor y de algún otro río subterráneo, pero lo más interesante para el pueblo errante era la gruta que se hallaba en aquel mismo valle, muy cerca de la orilla occidental del lago.

Thedruk ordenó acampar allí mismo y envió un par de grupos a explorar el interior de la hendidura. Varios días después volvieron, informando a su líder de que toda una inmensa red de túneles y pasadizos naturales perforaban el corazón de aquella montaña, multiplicándose y extendiéndose por todo el subsuelo de aquella montañosa región. Pero lo que más alegró a los enanos, sin duda, fue el trozo de roca viva que el grupo había llevado consigo de regreso al lago: en su interior se encontraba mineral de hierro, y los componentes de la patrulla aseguraron que había una gran caverna hacia el oeste en la que se podía encontrar varios yacimientos de plata pura. Entre vítores y risas, los enanos decidieron quedarse allí y fundar una ciudad con ricas minas.

Comprendiendo que su número era en exceso reducido, Thedruk envió un puñado de mensajeros hacia el sur, a pedir la ayuda y colaboración de todos los asentamientos enanos que encontrasen en su camino. Todos aque­llos que aceptasen ir hasta las montañas para ayudar a su gente en la construcción de la ciudad, y la explotación de las proyectadas minas, podrían quedarse allí y considerarlo su hogar y el de sus descendientes. Varios meses más tardaron en volver los mensajeros (tiempo en el que los enanos liderados por Thedruk ya habían ido adecentando las cuevas más exteriores de todo el complejo subterráneo), pero volvieron acompañados de un número bastante grande de enanos, que habían considerado la oferta como un buen modo de asentarse y formar un hogar. El número exacto varía dependiendo de la crónica que se consulte, pero se estima que alrededor de otro centenar de "colonos" se desplazaron a las nuevas minas. Por fin, a mediados del año 415 CV se comenzó oficialmente la construcción de la ciudad de Te­thyamar, que en el lenguaje de los enanos significa "Minas del Fin del Mundo" . En agradecimiento por haber guiado con sabiduría y esfuerzo a su gente hasta aquel nuevo y prometedor asentamiento, Thedruk fue nombrado Rey de Tethyamar y sus posesiones futuras.

La Gran Historia de Tethyamar

Los Primeros Años

Como todos los comienzos, el de Tethyamar no fue en absoluto fácil. Varias bandas errantes de orcos y go­blins atacaron la gruta en la que se estaban comenzando las obras de construcción de la ciudad. Con toda seguridad, estos grupos de goblinoides se habían visto obligados a abandonar su llanura natal, al oeste de las montañas, a causa del avance del Gran Mar de Arena, el desierto de Anauroch. Ya alrededor del año 306 CV se había registrado la destrucción de las ciudades de Asram y Hlondath por las crueles arenas de Anauroch.

El Rey Thedruk y su pueblo no se vieron realmente amenazados, ya que contaban con buenos y valientes guerreros, pero estos ataques retrasaban las obras y siempre resultaban dañadas herramientas, obras ya acabadas, o materiales de construcción. Así fue que hasta el año 450 CV no se terminó el nivel de la ciudad, con una estrecha caverna que se desviaba hacia el sur, hacia los primeros túneles que fueron adecentados para explotación minera. De allí comenzaron a extraerse moderadas cantidades de mineral de hierro con las que se forjaban armas, pequeñas cantidades de plata y algunas piedras preciosas en bruto que se empleaban en adornar armas y fabricar adornos y joyas. Aún no se comerciaba con nadie, pero los enanos hacían todas estas obras para deleite propio, con orgullo y auto-admiración.

La comunidad, de unos trescientos enanos, pronto se acomodó en los túneles exteriores que daban al lago, y las minas parecían ricas como para no agotarse en generaciones. Sin embar­go, existía un problema peor que las incursiones de goblinoides: la comida. El lugar era en verdad agreste, desolado y rocoso. Los valles de las montañas albergaban escasa o nula vegetación, y los animales que pululaban por allí (corzos, rebecos y osos en su mayoría) a menudo resultaban insuficientes para alimentar a todos los enanos adecuadamente. Las batidas de caza tuvieron que ir progresivamente más lejos para conseguir comida, por lo que el riesgo de perderse o de ser emboscados aumentaba. Por fin, el muy sabio Rey Thedruk propuso a su gente una solución: establecer contactos y rutas comerciales con otros asentamientos cercanos. Al principio muchos se opusieron, argumentando que tales asentamientos eran principalmente de elfos y humanos. Efectivamente, los puntos habitados más cercanos se hallaban en el Bosque de la Frontera, las Colinas Latentes (actuales Colinas de la Daga) y el Bosque Celeste (en la actualidad el Bosque del Acoso de la Araña). Todos estos puntos eran florecientes comunidades elfas y humanas en las que también podía encontrarse gnomos, medianos o semielfos. Todos estos puntos civilizados han desaparecido, aunque se especula que la moderna Mantodenieve puede ser todo lo que queda de una antigua ciudad en el interior del bosque.

El Rey Thedruk decidió pues esperar un tiempo más, aunque sabía que aquello arriesgaría la continuidad de la colonia. Y entonces, como por arte de magia, se presentó la solución. Un día de verano, en el año 456 CV, una compañía de enanos llegó a las puertas de Tethyamar pidiendo ser admitidos en la ciudad. Así les fue concedido, y cuando se reunieron con The­druk y su corte en la pequeña Sala de Audiencias cercana al pasillo de las minas, los recién llegados contaron historias fabulosas de una ciu­dad al sureste de Tethyamar.

Y fue entonces cuando Thedruk el Prudente encontró la solución al ma­yor problema de su pueblo. Gracias a aquella fastuosa ciudad, que acogía por igual a enanos, hombres, elfos, gnomos, y a toda raza de buena voluntad, Tethyamar podría comerciar sin herir el orgullo de los quisquillosos enanos. El Rey preguntó a los viajeros el nombre de aquel lugar, y la respuesta fue un nombre legendario que no se olvidará nunca en ningún rincón de los Planos conocidos: Myth Drannor.

Tethyamar se da a conocer

Guiados por uno de aquellos enanos que habían llegado a Tethyamar, un puñado de comerciantes de la ciudad de las Montañas de la Boca del Desierto (nombre que perdura hoy en día) se pusieron en marcha hacia la espléndida Myth Drannor, Ciudad de la Música, Ciudad de las Coronas, la Torre de la Canción, la Bella.

Llevaban consigo gran cantidad de joyas, armas y armaduras en carromatos. Su misión era venderlas o cambiarlas en Myth Drannor para proporcionar a la naciente colonia enana un método de conseguir sustento. Cuando llegaron a la magnífica ciudad, protegida por el frondoso Bosque de la Corte Élfica, los enanos fueron recibidos amable y calurosamente por Lord Eltargrim en persona, el gobernante elfo de la ciudad. Allí expusieron su mercancía, y un mago llegado desde la lejana Waterdeep (ciudad que los enanos nunca jamás habían oído nombrar) realizó la primera compra de un objeto salido de la ciudad de Tethyamar.

Así, los enanos consiguieron ven­der toda su mercancía, ganando consi­derable dinero y pudiendo comprar víveres que les durarían bastante tiempo. Mejor aún, los objetos y armas de Tethyamar comenzaron a ser conocidos en Myth Drannor, originándose rápidamente una gran demanda que hizo prometer a los enanos que volverían pron­to con más cargamentos.

Dos meses después estos enanos de Tethyamar volvieron para continuar el próspero comercio que habían comenzado. Esta vez sus mercancías desaparecieron de los tenderetes mucho mas rápido, pero como los almacenes de la mina-ciudad aún estaban abastecidos, gran parte de las ganancias de aquel viaje fueron destinadas a la compra de bienes inexistentes en las montañas, como telas, ponies y mulas de carga (hasta entonces habían sido los propios enanos los que tiraban de las carretas), un par de ballestas (a ver si los armeros enanos conseguían reproducirlas), fuelles y herramientas para las forjas, y cosas así. Su regreso a Tethyamar fue clamoroso, fueron felicitados por Thedruk y su nombre quedo inscrito para siempre en el Gran Acceso Oriental, la puerta del lago. Así continuaron muchísimos años de prosperidad y alegría en la nueva colonia enana de Tethyamar.

Enanos de Tethyamar participaron en la defensa de Myth Drannor en un par de ocasiones, luchando contra las hordas de orcos y goblins que venían del norte. Así su ciudad fue conocida entre todos, y poco a poco enanos de otros lugares, aventureros y colonos, llegaron a las Montanas de la Boca del Desierto. La población creció rápidamente, aumentando la producción de joyas, armaduras, armas, y herramientas. Así aumentaron las ga­nancias de la ciudad, comenzando a acumularse un tesoro que, con el paso del tiempo, llegaría a ser legendario,

Los Años Dorados

En el año 532 CV falleció el Muy Honorable y Sabio Rey Thedruk, tras un reinado de 117 largos años, llorándose su pérdida como algo terri­ble y doloroso. Su cuerpo fue enterrado en una cámara mortuoria en el segundo nivel de la ciudad, llamada la Habitación del Honorable. Allí se hayan aún sus restos, dentro de un fastuoso sarcófago de piedra, mármol y plata. Ascendió al trono su hijo, el guerrero Joikon el Tuerto. Mal rei­nado sería el suyo, pero quizás no toda la culpa sea para él.

El caso es que durante un siglo más, Tethyamar siguió creciendo, con la consiguiente ampliación de los niveles de la ciudad y de las minas. El Pozo de Mahal, la ampliación del sec­tor conocido como las Minas de Khulakal datan de este periodo, así como el descubrimiento de un filón de oro en la parte noroccidental de la Pri­mera Profundidad. Esta nueva veta se convirtió en un catalizador de la ya próspera economía de Tethyamar, cuyos objetos ganaron prestigio y belleza a los ojos de los compradores de Myth Drannor. El asentamiento no sólo se extendió hacia abajo, sino también hacia arriba, muy por encima del ni­vel del lago de la entrada este. Se determinó que todos los pisos construidos por encima de dicho nivel se llamarían "Niveles", y todos los que quedasen por debajo se denominarían "Profundidades". El nivel del Gran Acceso Oriental se llamaría "Primer Nivel y Primera Profundidad", sirviendo de punto de partida para ambas cuentas. Cuando Joikon ascendió al trono (532 CV), Tethyamar contaba con tres profundidades y dos niveles, y proyectadas había muchas ampliaciones de los ya existentes. Las inscripciones que aún se pueden leer en el Gran Acceso Oriental de la ciudad censan la población por aquel entonces en unos dos mil enanos, cifra respetable teniendo en cuenta que hacía poco más de un siglo de su fundación. Y la cifra seguía en aumento. En los cien años siguientes es muy probable que la cifra se duplicase, e incluso triplicase, y juntamente con el apogeo de la ciudad de Myth Drannor (661 CV), Tethyamar llego a cotas de popularidad, riqueza y poder inimaginables. Doscientos años después de que Thedruk y su gente se detuviese en la caverna cercana al lago (llamado después Lago de Thedruk en honor del amado líder), la población de la explotación enana rondaba los cinco o seis millares de habitantes. Muchas más minas fueron explotadas, se abrieron nuevos pasillos y rutas, pasadizos secretos y chimeneas de ventilación (en el 640 CV se había comenzado la construcción de un ambicioso proyecto, la Chimenea sin Fin, una inmensa abertura que comunicaría todos los niveles y profundidades con la cima de la montaña, a kilómetro y medio en vertical del primer nivel y primera profundidad. Por varias razones no se finalizarían los trabajos hasta el año 783 CV), se construyeron dos profundidades más y un nuevo ni­vel de ciudad (totalizando tres Nive­les y cinco Profundidades), y el comercio fue suficiente para hacer amasar a Joikon un tesoro envidiable por el Lord de Myth Drannor.

En ese Año del Colmillo Sangriento (661 CV) murió el lord de Myth Dran­nor, Eltargrim, lo cual llevó tristeza y lágrimas a la ciudad de leyenda. A partir de entonces, la situación de ambas ciudades se estancaría, con los enanos de las Montañas dedicados a la ampliación de las minas ya existentes y a la mejora de sus instalaciones. Se ampliaron las fraguas, las armerías de la Tercera profundidad, se comenzaron a explotar nuevas minas de circonita, ágata, turquesa, cuarzo, turmalina, y más valiosas como topacios, ópalos y esmeraldas. La ciudad bullía con una actividad frenética, recibiendo mensajeros y embajadores de muchos lugares cercanos y no tan cercanos.

Fue también en esta época cuando se establecieron los santuarios más significativos en la fortaleza. Además del antiguo santuario de Moradín (fundado por el propio Thedruk y que fue ampliado y modificado) se fundaron templos a Barronar (Madre de la Seguridad, patrona del hogar y el matrimonio), Clangeddín (Padre de las Batallas), Sharindlar (la Dama de la Vida, diosa de la curación) y Gorm Gultyn (Dios protector de la raza y los asentamientos enanos).

"El Rechazo"

A pesar de estancarse casi totalmente el crecimiento económico y demográfico de la ciudad, fueron buenos tiempos para todos. Sin embargo, en medio siglo todo se torció, comenzando una época de oscuridad y lamentos en el Norte. Fue entonces, alrededor del año 711 CV, cuando los yugoloths del norte se escaparon al control de sus invocadores y, vaciando brutal-mente las guaridas de orcos, goblins y gnolls se dirigieron hacia el sur al mando del Ejército de las Tinieblas, la más grande horda del mal que se recuerda. Al año siguiente, en el 712 CV, llegaron a las puertas de la Ciudad de la Belleza, Myth Drannor, asaltándola sin piedad y provocando una oleada de refugiados. Todo intento de defensa fue inútil, e incluso un destacamento de enanos de Tethy­amar dejaron la vida en la numantina resistencia contra la horda bestial. En el año 714 CV la ciudad ya había caído completamente, reducidos todos los puntos de resistencia en la periferia y los bosques circundantes.

A las montañas donde se alzaba Tethyamar llegaron miles de enanos exiliados de Myth Drannor, por ser el asentamiento más cercano de los de su raza. Joikon el Tuerto no dudó en abrirles las puertas de su ciudad, duplicando así el ya crecido número de enanos que vivían allí. Este dato quizás sea significativo como excusa para el terrible acontecimiento que más tarde marcaría para siempre a las Minas de Tethyamar y a sus líderes. Los almacenes de víveres se vaciaron a un ritmo demasiado rápido debido a esta afluencia de refugiados, dejando a los enanos con la comida racionada y sin su mayor centro de comercio, la caída Myth Drannor. Fue una terrible situación, con los guerreros de este asentamiento cediendo sus raciones a las mujeres y los mas jóvenes, débiles pero firmes.

Fue justo en medio de esta situación cuando llegaron a las montañas varios grupos de elfos y humanos provenientes también de Myth Drannor. Pidieron a Joikon asilo en sus minas, diciéndole que eran perseguidos por partidas de orcos y goblins que buscaban las riquezas que habían sacado de la ciudad. Y, ante la sorpresa de los nuevos refugiados, Joikon se negó.

Dijo que la situación ya era demasiado mala para su pueblo como para aumentar la población de Tethyamar al admitir a más refugiados, incluyendo gran cantidad de mujeres y niños. Envió mensajeros a los líderes humanos y elfos diciéndoles que lo sentía muchísimo, pero que le era completamente imposible admitir a más gente en la fortaleza, so pena de condenarlos a todos a una muerte por inanición. De poco sirvió que los refugiados le recordasen que, si no los dejaba entrar, los condenaría a la muerte segura a manos de los orcos y goblins. Joikon se mantuvo firme, y las puertas de Tethyamar permanecieron cerradas. Posteriormente, en canciones y leyendas, esta negativa sería conocida como "El Rechazo", y también como "El Dolor de Finndorion" (Finndorion era uno de los lideres elfos de los refugiados, muerto junto a todos los demás) .

Cuando los refugiados ya se iban en busca de otros lugares que pudiesen acogerlos, Joikon les ofreció la protección y escolta de varios destacamentos de enanos. Orgullosos y ofendidos, los lideres de la caravana se negaron. Quizás si no hubiesen rechazado esta ayuda habrían sobrevivido (lo cual demuestra que no toda la culpa fue del Rey Joikon), pero su orgullo pudo más y se fueron por donde habían venido.

Y ocurrió lo que tenía que ocurrir. Semejante número de civiles, mayoritariamente desarmados, no fueron pasados por alto por las bandas errantes de orcos, goblins y gnolls. Apenas habían bajado de las Montañas de la Boca del Desierto cuando numerosos grupos de estas bestias cayeron sobre la masa de refugiados. La carnicería fue total, sobreviviendo sólo un puñado de mujeres que fueron tomadas como esclavas. Aquel día los goblinoides se dieron un gran festín de sangre, oro y rapiña. Se dice que el rumor de la lucha y los gritos de los moribundos llegaron a oídos de los centinelas de Tethyamar, transmitidos por los ecos de los valles, pero Joikon no cedió y la puerta de las Minas no se abrió.

Cuando semejante hecho llego a los oídos de los lideres de otras regiones de los Reinos todos condenaron la decisión de Joikon, haciendo que las relaciones desde entonces fuesen muy tensas. Así fue como la familia gobernante en Tethyamar se ganó el sobrenombre de la Casa de Hierro, por considerarse que la dura y drástica decisión del Tuerto demostraba un corazón y una determinación sólidos y fríos. Joikon trató de justificarse ante los ojos de otros gobernantes, pero pocas simpatías levantaba ya entre otras razas, sobre todo elfos y humanos.

Es por ello que los años siguientes Tethyamar vivió tiempos difíciles, aislada en las montanas y encerrándose tras los muros naturales de su fortaleza. Poco se sabe de esta oscura época con seguridad, pe­ro es muy probable que haya coincidido con una racha de penurias y mi­seria en Tethyamar. El tesoro de la fortaleza seguía siendo de los mayores de Faerûn, pero de poco servía si los enanos no salían de sus montanas y si nadie comerciaba con ellos.

Siendo lo único que podían hacer, se dedicaron a trabajar en su hogar, ampliando aún más las minas y cavando más niveles y profundidades. Sí es seguro que en estos años se construyó el Camino Zigzagueante, una ruta ancha pero sinuosa que unía los aposentos del Primer Nivel y la Primera Profundidad con la ladera oeste de la montaña de Tethyamar. Así pues, otra puerta fue abierta al oeste de la mina, conectando ambas laderas y dando a los enanos una magnífica panorámica del Gran Mar de Arena, Anauroch. Varias explicaciones se dan a estas obras, aunque la más generalizada es que Joikon quería una "puerta trasera" por si las cosas se torcían de verdad. No se sabe si el líder enano temía una incursión de las bandas errantes de goblinoides, que se habían dispersado tras la caída de Myth Drannor, o si esperaba un ataque de los ejércitos conjuntos de elfos y humanos en represalia por su trágica decisión.

Esperanzas Frustradas

Poco tiempo más tuvo Joikon para preocuparse por tales cosas, ya que según los anales enanos murió en el año 726 CV, tras un reinado de 194 años, el más largo de la historia de Tethyamar. Su muerte fue repentina e inesperada (Joikon ya era viejo, pero no estaba enfermo y su salud era relativamente buena), lo que los demás enanos interpretaron como una especie de castigo divino por el "crimen" cometido con "El Rechazo". Aún así, sus funerales fueron dignos de todo un emperador, enterrándosele con gran pompa y grandes lujos en una capilla mortuoria mandada preparar a su gusto hacía tiempo. Luego dicha capilla fue sellada y sepultada, perdiéndose su localización .

El nuevo Rey, Teghmar, era sabio y amable, y gracias a sus buenas intenciones consiguió que Tethyamar comerciase de nuevo con otras tierras. El Valle Alegre fue una de las primeras tierras que volvió a comerciar con la fortaleza enana, proporcionándoles en cantidad víveres, telas y utensilios básicos. El resto de los Valles todavía recordaban con amargura las consecuencias del "Rechazo", pero todos comprendieron que el nuevo Rey poco tenía que ver con el anterior, y que no se podía condenar a toda una comunidad por los errores de su líder. Así, en el año 732 CV todos los Va­lles comerciaban abiertamente de nue­vo con los enanos de Tethyamar, cuya población conoció otra vez la felicidad y la prosperidad, tras 17 años de penurias y estancamiento.

Volvieron a salir las carretas de Tethyamar cargadas de armas y joyas realizadas por las expertas manos de los artesanos del Rey Teghmar, regresando con todo lo necesario para que las minas prosperasen una vez más. Y nuevamente la población creció, gra­cias a algunos nacimientos y a cientos de colonos que llegaban a la mina aprovechando este nuevo impulso de Tethyamar.

Tres acontecimientos marcarían el nuevo estancamiento (esta vez más duradero) de la colonia enana. Tras un buen periodo de tiempo de prosperidad la mala suerte se cebó en toda la zona de los Valles, y sobre todo en el Valle Alegre. En el año 796 C.V. cayó sobre este valle una de las más terribles maldiciones, una desoladora plaga de vampirismo que diezmó a la población y puso en peligro a los habitantes de todos los Valles. Antes de que se diese la alarma, varios de estos seres llegaron a la fortaleza de Tethyamar, y haciéndose pasar por comerciantes extraviados pidieron a los enanos asilo para pasar la noche. Nadie dudó de su buena fe, y se les permitió alojarse allí. Cuando lle­garon noticias a la fortaleza de la terrible epidemia de Valle Alegre ya era tarde, pues algunos enanos estaban ya malditos y entre ellos se hallaba, tristemente, el propio Rey de Tethyamar. Siguió una época de con­fusión, con todos los enanos desconfiando unos de otros y llenos de pánico. Nadie se atrevía a dormir, o al menos quedarse dormido sin extremas medidas de seguridad. Se sabe que muchos enanos no infectados murieron a manos de sus "precavidos'" hermanos de raza con una estaca clavada en pleno corazón. Varios humanos, cazadores de vampiros especializados, fueron a la fortaleza para ayudar a los enanos a combatir esta plaga, aunque tardaron varias semanas en localizar todos los cubiles, ya que estos seres habían escogido los intrincados pasadizos de las minas como refugios. Finalmente el (ex) Rey Teghmar fue cazado y destruido, se quemó su cuerpo y sus cenizas fueron arrojadas lejos, llevadas por el viento sobre Anauroch. Esta plaga, aunque afectó a un puñado de enanos, los hizo mucho más so­litarios y desconfiados de lo que ya eran, situación que empeoró por culpa de las otras dos circunstancias que frenaron la expansión de la mina.

La Red Negra fue una de ellas, al mostrar demasiado interés repentinamente por las minas de Tethyamar y, por supuesto, por sus riquezas. Fue­ron descubiertos varios enanos pagados por los Zhentarim para espiar y recopilar información sobre los túneles y trampas de las Profundidades, en vista a una posible invasión o robo a gran escala. El nuevo Rey tras Teghmar, Ulgrim el Fuerte, ordenó su destierro inmediato y comenzó a tomar medidas para evitar tales infiltraciones. Además, la Puerta Oeste, la que había ordenado construir Joikon, empezó a ser utilizada frecuentemente para sacar cargamentos de las minas. A pesar de que significaba dar un enorme y peligroso rodeo hasta llegar al camino oriental, se decidió que era más seguro en caso de que agentes Zhentarim estuviesen vigilando las puertas principales de Tethyamar.

El tercer problema al que se tuvieron que enfrentar los enanos fue la súbita y peligrosa influencia drow en el Valle de Ashaba, actualmente el Valle de la Sombra. En el año 802 CV se produce (y se sabe gracias a los grabados del Gran Acceso Oriental, por lo que pueden haberse borrado otras inscripciones que diesen una fecha ante­rior) la primera escaramuza entre enanos de Tethyamar y drows. Un reducido grupo de elfos oscuros atacó a un grupo de enanos que pasaban la noche en una cueva cercana al Bosque Fronterizo. Los enanos esperaban al amanecer para proseguir viaje hacia Te­thyamar, pero sólo dos lograron lle­gar a las minas. Así se dio la alarma, y se prohibió que los enanos viajasen mas allá de la seguridad de las Montañas de la Boca del Desierto en grupos de menos de diez. Este acontecimiento dificultó mas aún los viajes comerciales a los enanos, que vieron cómo su población se estancaba y su comercio decaía ligeramente una vez más.

Aún así se estima la población de Tethyamar en torno a los veinte mil enanos, y aún habría de crecer bastante más antes del Desastre. Durante todo este tiempo fue excavándose más y más en la roca, descubriendo nuevos yacimientos de piedras semi-preciosas y preciosas, joyas, y sobre todo, mithril. Éste fue un descubrimiento que alegró a los enanos por encima de cualquier otra cosa. Herreros hábiles y afamados, comenzaron a forjar armas de calidad y poder sin igual, así como armaduras duras y resistentes en grado sumo. La veta era lo suficientemente grande como para dotar a cada soldado con al menos un arma de mithril, y todavía llegaron a venderse armas de mithril de Tethya­mar en otros lugares. Nuevas Profundidades fueron abiertas, y ampliadas las antiguas, para seguir el curso de esta veta, a veces por grietas realmente peligrosas para los mineros. Sin embargo, el espíritu de los enanos no los hacia retroceder, y colgados sobre el abismo por oscilantes cuerdas picaban la roca en busca del legendario metal. Varios se despeñaron, perdiéndose en la oscura profundidad de más abajo, pero otros fogosos voluntarios ocuparon sus lugares. Los enanos suplieron la baja actividad exterior con una frenética excitación interior. El Rey Ulgrim gozó de gran popularidad, sobre todo gracias a pequeñas incursiones contra los aliados de los drow en el Valle de Ashaba, las cuales no significaron apenas perdidas para los valientes enanos y en las que se acabó con gran cantidad de goblins, kobolds, duergars y humanos malvados.

La Guerra de los Cien Años

Esta guerra "no declarada" duraría más de cien años, y costaría un buen número de bajas enanas, entre ellas la de un príncipe, Bodugh hijo de Takil, hijo de Ulgrim.

Ulgrim asistió a la construcción del castillo Lugargrande en la frontera del Valle de Ashaba, un fortín cuya misión era frenar esa expansión de los drow y sus seguidores. Era el año 834 CV, cuando los goblins y humanos ruines hacían incursiones fuera del Valle de Ashaba y aterrorizaban a las poblaciones de otros valles vecinos. Ingenieros enanos participaron en la construcción de dicha fortaleza, en la que se quedaron también medio centenar de enanos de Tethya­mar, junto a humanos y semielfos. La fortaleza tuvo poca vida, ya que en el 864 CV fue tomada a traición, una noche, por varias decenas de drow y enanos duergar. Muchos de sus defensores no tuvieron oportunidad ni de coger sus armas, y otros no llegaron a despertar. El castillo fue saqueado y más tarde incendiado.

Este cobarde ataque encendió las iras de los líderes cuyos soldados habían muerto en Lugargrande, y declararon una guerra sin cuartel contra todo ser malvado en el Valle, hasta que éste estuviese limpio. Ulgrim no llegó a ver el final de esta guerra, pues murió pacíficamente de viejo en el año 877 CV, tras 81 años de reinado. Su hijo, Takil Goldenhelm, se hizo cargo del trono y del mando de la guerra en el Valle de Ashaba. Las minas seguían produciendo metales y joyas en cantidad, y las ganancias aumentaron, pudiendo costearse la guerra sin mayor problema. Durante estos años el principal punto de venta enano fue el pueblo de las Cataratas de la Daga, un pequeño enclave al norte del Valle del mismo nombre, en donde los enanos vendían su mercancía para que desde allí fuese distribuida. La guerra siguió su curso, siendo llevada en su mayor parte por los valerosos enanos de Tethyamar, aunque los demás valles también enviaban de vez en cuando tropas, sobre todo caballería y arqueros.

El propio hijo de Takil, Bodugh el Intrépido, murió a la temprana edad de 116 años combatiendo a un numeroso grupo de drows, y las gestas cantan cómo se enfrentó a toda la guardia personal de una matrona (e incluso llegó a herir a la mismísima líder de los elfos oscuros) antes de caer abatido cobardemente por los pivotes emponzoñados de las ballestas drow. Esto ocurría en el año 892 CV. Takil, desde entonces, concentró todas sus energías en acabar con los malvados incursores que tantas desgracias habían causado a su pueblo. Tras varios años en los que los enanos se emplearon a fondo en el Valle, pero en los que poco se consiguió realmente, pues las bajas enanas, proporcionalmente, fueron mayores, el Rey de Tethyamar decidió erradicar el problema de una vez por todas. Y preparó una invasión en toda regla del Valle de Ashaba.

Miles de enanos salieron orgullosamente por la puerta Oriental de las minas una fría mañana de invierno del año 899 C.V. Era una impresionante masa de metal que entrechocaba al son de tambores, cuernos y voces. Frente a ellos marchaba el propio Takil, que no quería perderse la matanza, dejando como encargado de las minas a otro hijo suyo, Ahkrug el Amargado. El torrente enanil se dirigió hacia el Va­lle de Ashaba, su objetivo final. Los enemigos que no huían a tiempo eran aplastados sin que el ejército detuviese su mortal ritmo. En una vengativa y sistemática matanza, goblins, duergars, humanos, drows, kobolds y otras criaturas oscuras fueron borradas del mapa sin compasión. Se dice que Takil marcaba sus victorias con muescas en el mango de su hacha, y que en un combate el mango se rompió debido a que tantas muescas lo habían dejado débil como un mueble lleno de carcoma.

Gloriosas batallas se libraron en el Valle, gloriosas victorias de los enanos en su genocida ocupación. El suelo bebió gran cantidad de sangre durante mucho tiempo, mientras todas las guaridas de seres malvados eran asaltadas y limpiadas de sus ocupantes. Jamás la fortaleza de Tethyamar había vivido años tan gloriosos (ni tan sangrientos) como los que llevaron a la eliminación del poder drow en la zona de los Valles. Cuando ya era evidente que los enanos dominaban el Valle, se enviaron mensajeros a las regiones colindantes para que aquellas tierras fuesen colonizadas rápida y sólidamente. Así se evitaría que se pudiese repetir una amenaza tan grave y duradera como la que los enanos acababan de eliminar, tras un siglo de guerra y muerte.

En el año 905 CV los enanos iniciaron su retirada, de vuelta a los añorados salones de Tethyamar. Seis años de campaña eran demasiados incluso en la larga vida de un enano del escudo. Antes de irse, Takil ordenó prender fuego a la Torre Retorcida, símbolo del poder que los drow llegaron a tener en la zona. De vuelta a las minas también incendiaron bosquecillos donde merodeaban aún bandas errantes de monstruos que se habían salvado a la ida, regocijándose con los chillidos de los goblinoides. Así termino la guerra más larga que hubo de soportar Tethyamar. Poco se sospechaba que la más sangrienta aún estaba por llegar.

En el año 906 CV se fundó el Va­lle de la Sombra donde había estado el Valle de Ashaba, proporcionando a los enanos un amplio mercado donde vender sus productos.

El asentamiento enano floreció de nuevo, ya que el Valle de la Sombra también actuó de "muro" para las actividades de la Red Negra, que hasta entonces había actuado con impunidad por la zona. Enanos de otros lugares comenzaron a llegar a las minas, deseosos de unir sus destinos con el de la famosa mina de Tethyamar, y sobre todo tras la contundente victoria sobre las fuerzas drow. Esa victoria sería recordada y ensalzada por bardos de muy lejanos lugares, exagerándola un poco más cuanto más lejos del Valle de la Sombra. Así la fama de las minas creció rápida y desmesuradamente, cotizándose mucho más sus mercancías y recibiendo un torrente de osados enanos que buscaban la gloria.

La Segunda Edad Dorada

Desde este momento hasta su caída definitiva, Tethyamar vivió sus mejores años, comparables incluso con la época en la que comerciaba con Myth Drannor. Se añadieron nuevos Niveles de viviendas para albergar a toda la población, las minas fueron ampliadas a su máxima extensión y las forjas se mejoraron. La producción alcanzó cotas impensables, aunque ni así cubrió toda la demanda de las finas joyas y las insuperables armas.

El resto del reinado de Takil fue pacífico y próspero, siendo sus mayores preocupaciones algunas discusiones con mercaderes demasiado cabezotas (están buenos los enanos para dar ejemplo en eso). Buenos años en gene­ral para Tethyamar, que vio cómo sus habitantes alcanzaban la nada despreciable cifra de 30.000. En medio de esta euforia se estableció un día al año como fiesta en el asentamiento de las Montañas de la Boca del Desierto. Este día (que conmemoraba aquél en el que Takil ordenó prender fuego a la Torre Retorcida, dando por terminada la Guerra de los Cien Años con aplastante victoria enana), se dedicaría a la caza del goblinoide, deporte favorito de los enanos. Se organizaba un gran número de batidas por las montañas y por los valles, aniquilando a todos los representantes de dichas razas que se encontrasen, batidas que a menudo duraban hasta bien entrada la noche.

El año 921 CV fue algo parecido a un aperitivo para los enanos de este próspero lugar. En este año, llamado Año de 2ª Matanza por el Fuego, tuvo lugar la Primera Guerra Troll en varias zonas del Norte. Tethyamar no se vio directamente implicada, pero numerosos voluntarios enanos fueron a luchar contra estos feos y resistentes enemigos. Hubo algunos que no volvieron, pero en general fue un año de buenas historias junto al fuego, al regreso de los guerreros.

Otro tanto volvió a ocurrir en el 940 CV, El Año de las Garras Frías, año de la Segunda Guerra Troll. En esta ocasión todos los guerreros de Tethyamar que habían partido regresaron sanos y salvos a sus hogares, siendo tomado como un buen presagio y causando gran alegría.

Así transcurrieron varias décadas de esplendor y riqueza, con la mina en constante expansión. Llegados al año 973 CV asistimos a la muerte del valiente y muy honrado Rey Takil de la Casa de Hierro, tras un reinado de 96 años, 61 de ellos marcados por la guerra. Le sucederá en el trono su único hijo, Ahkrug el Amargado.

El reinado de este sombrío y taciturno enano de pocas palabras pasará sin pena ni gloria por los anales de Tethyamar. Ni siquiera en su época se le debió apreciar mucho, puesto que en el Gran Acceso Oriental apenas se recogen unas líneas referentes a su reinado. No tomó decisiones importantes o vitales, tampoco era enano de acción, ni gustaba de comer o beber en abundancia (por lo que muchos lo llamaban, a escondidas, el Raro), además de no apreciar la compañía de ningún tipo, ni siquiera femenina.

Este último punto trajo de cabeza a sus consejeros hasta pocos años an­tes de su muerte. Si Ahkrug (amargado o no), moría sin descendencia, la Casa de Hierro se tambalearía y quizás llegase a caer definitivamente. Y eso era algo que los consejeros reales jamás dejarían que ocurriese. Se presionó al Rey para que aceptase casarse, o por lo menos tener un hijo varón aunque fuese bastardo que continuase la línea real. Gracias a Moradín, con la edad pareció ganar en sabiduría, y por fin se decidió a casarse, contando unos 300 años. De esta unión nació un varón, heredero al trono y solución a todos los problemas de los eficientes con­sejeros, los cuales se emborracharon para celebrar la noticia cuando ésta llegó a sus oídos. Corría el año 1002 CV.

En el 1030 CV Aencar se convirtió en lord de la guerra del Valle de las Batallas, dando paso a un reinado de ambiciosa expansión que pretendía someter a todos los Valles bajo el mando de Aencar, conocido como el "Rey Embozado". En el año 1038 había conseguido sus planes en parte, amenazando con su expansión el comercio y la seguridad de Tethyamar. El viejo (y de nuevo abatido) Rey Ahkrug poco hizo por remediarlo, sumido otra vez en un estado de apatía irritante que de nada servía contra los ambiciosos proyectos de Aencar. Varios mensajeros de este lord fueron despachados por los consejeros del Rey sin que éste fuese informado. Se pensó que si alguien veía al Rey en tal estado de abatimiento lo tomaría (acertadamente) por un débil y podría pensar en atacar las minas.

Por suerte para todos Aencar murió en el año 1044, sin que las causas se hayan esclarecido aún hoy. Sin embar­go quedó claro que Ahkrug estaba incapacitado para gobernar, y su hijo fue educado desde temprana edad para sustituirlo en cualquier momento. Los incansables consejeros reales se encargaron de ello.

Poco tuvieron que esperar, puesto que Ahkrug murió mientras dormía en el año 1081 CV, a la edad de 376 años (venerable incluso para los longevos enanos) y tras haber "reinado" durante 108 interminables años. Tethyamar se encontraba en el mismo grado económico y militar que cuando había subido al trono, sin haberse producido cambios dignos de mención. Esto es, la ciudad aún era tema de conversación por sus riquezas y obras en una buena parte de Faerûn. Aún así, durante los siguientes años se hicieron cargo del reino los conse­jeros reales, debido a que a la muerte de su padre Hugkrav aún tenia 86 años, y la edad mínima requerida por los enanos para ser Rey era de 100.

Cuando por fin Hugkrav el Imberbe (por supuesto tenía barba, pero se le llamaba así por ser el Rey enano más joven conocido) subió al trono era el año 1095 CV, y a Tethyamar le quedaba menos de un siglo de existencia, aunque nadie podía imaginarlo. Todo era felicidad, prosperidad y riqueza en la ciudad enana, y parecía que na­da ni nadie podía cambiar aquello. En el año 1110 CV, El Año de los Campos Ensangrentados, Hugkrav tuvo su bautismo de sangre, luchando por primera vez en una batalla real contra partidas de envalentonados ogros y orcos.

Sin embargo, la alegría duraría ya poco, y la perdición vendría por donde hasta entonces había venido la riqueza: por las minas.

El Desastre

Mientras ampliaban uno de los corredores más nuevos en la Sexta Profundidad, varios ingenieros enanos se encontraron de pronto con una red de cavernas naturales inexploradas. Se dirigían hacia el oeste, supuestamente bajo las ardientes arenas de Anauroch. Tras consultar con su Rey, se les concedió permiso para formar un nutrido grupo de exploración y adentrarse en los laberínticos túneles. A varios de ellos hubo que llegar tras derribar secciones enteras de muro, y a otros tuvieron que bajar por empinadas paredes casi verticales. Todos los componentes de la expedición esperaban encontrar el filón más grande jamás hallado en Faerûn.

Mientras, en Tethyamar, se aguardaba con impaciencia el regreso de la expedición minera. Casi toda actividad estaba paralizada, en espera de noticias de los exploradores. En vez de noticias, llegaron problemas.

Los exploradores, en su afán por descubrir nuevas cavernas repletas de metales y joyas, habían penetrado en un vasto complejo subterráneo situado bajo las ardientes dunas del desierto de Anauroch. Este complejo de túneles y cámaras secretas era en realidad la tumba de uno de los reyes mas poderosos de la Antigüedad. Despertado de su reposo por el grupo de ex­ploradores, abrió su sarcófago y no tardo en reunir a sus lacayos, enterrados con él.

La momia (pues eso era), vagó por los pasadizos de su tumba hasta que encontró a los intrusos. Poco pudieron hacer los enanos contra un enemigo tan poderoso, pues la momia era vieja, sabia y malvada. El puñado de supervivientes huyeron hacia Tethya­mar sin saber que estaban condenando a toda la población. Siguiendo a los enanos en fuga, la momia encontró la apertura en el muro que significaba su libertad.

Las minas ya estaban sobre aviso cuando llegaron los primeros muertos vivientes a las profundidades inferiores de Tethyamar, pero no sirvió de nada. La Gran Momia Tathikophis había organizado su pequeño "ejército" de sirvientes, y la primera oleada llegó en forma de esqueletos y zombis putrefactos. Los enanos lucharon con bravura y coraje, pero la podredumbre de los engendros, unida al insano aire que provenía del complejo funerario, emponzoñó los niveles inferiores haciendo que las enfermedades y plagas diezmasen a los defensores. Hugkrav ordenó sellar la séptima profundidad, tapiando todos los accesos desde otros niveles. La medida tuvo un éxito pasajero, ya que las huestes de la retorcida momia encontraron la forma de pasar a los pisos superiores, ayudadas por la poderosa magia de Tathikophis.

Cogidos esta vez casi por sorpresa, los enanos se vieron obligados a retroceder y ceder una Profundidad mas al pérfido invasor. El Rey Hugkrav no tardó en enviar mensajeros a los gobernantes más cercanos, explicándoles la situación y solicitando ayuda urgentemente. Sin embargo, estas ayudas iban a llegar demasiado tarde.

Tathikophis había procurado buscar nuevas salidas de su tumba, empleando sus poderes y un gran numero de zom­bis. Y su perseverancia tuvo éxito. Encontró la entrada original de las cavernas, tapiada por aquellos que la habían enterrado allí. Poco tiempo le llevó derruirla, y sus sirvientes salieron a la luz para aterrorizar las tierras circundantes. Bien dirigidos por la venda derecha de Tathikophis, su lugarteniente Alamina (que en vida había sido su prometida, y que le fue leal hasta la muerte, pidiendo que se la enterrase junto a él), saquearon gran numero de tumbas y otros mausoleos, aumentando así el numero de seguidores de Tathikophis.

Cuando llegaron los refuerzos a la ciudad de Tethyamar, los enanos ya se habían tenido que retirar de seis de las siete Profundidades, y las enfermedades seguían diezmando a la población. Muchas de las familias civiles abandonaron la ciudad, enfermas o temerosas de las terribles plagas que asolaban Tethyamar. Poco pudieron ya hacer los soldados enviados por los Valles. Tras los primeros combates contra los muertos vivientes, muchos cayeron enfermos y otros engrosaron las filas de los invasores.

Cuando los muertos ya amenazaban la Primera Profundidad (que también era el Primer Nivel) Hugkrav tomó la decisión mas dramática que había te­nido que tomar nunca un Rey de Tethyamar: ordenó la evacuación de la ciudad.

Evidentemente, las dos salidas al exterior de Tethyamar se hallaban en el Primer Nivel. Si este caía mientras quedasen enanos en los Niveles de la ciudad, estos se verían atrapados y sin posibilidad de huir. La población que aún quedaba en el complejo enano se fue, pidiendo refugio en los Valles o marchando mas lejos, hacia otros asentamientos enanos.

Sólo los más valientes guerreros, liderados por el propio Hugkrav, se quedaron para defender lo que queda­ba de Tethyamar. Su desesperada defensa fue inútil, logrando sólo que un buen número de cadáveres pasase a las filas de las tinieblas. Pasillo por pasillo y recoveco por recoveco se luchó aquellos días en los Niveles de la ciudad. Sin embargo, poco podía hacerse contra un enemigo que no sentía miedo, que nunca dudaba o retrocedía, que no daba ni pedía cuartel.

Finalmente, un puñado de guerreros (entre los que se hallaba el Rey, Hugkrav), consiguieron salir al ex­terior a través de la Chimenea sin Fin, apareciendo en la cima de la montaña y dejando Tethyamar en manos de los muertos. Se dice que Hug­krav lloró amargamente antes de comenzar la ascensión que significó la pérdida de su reino y la aceptación de la derrota.

Así fue como la mayor ciudad minera de los enanos se perdió para los ojos mortales, apagándose una de las joyas más grandes conocidas por los Reinos Olvidados. Todos sus tesoros y gran parte de sus riquezas aún siguen allí, esperando ser reclamadas por el osado aventurero que las alcance.

¿Vale la pena arriesgarse?




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